
LA ILUSIÓN DE UNA VIDA
Josep Callau
Un día, hojeando una revista, vi lo que podía
hacer cumplir esa iluión, un viaje que incluía todas mis aficiones.
Tras nueve horas de vuelo, Barcelona-Atenas-Nairobi, nos encontramos
mis compañeros, un matrimonio, el guía, y yo, a bordo de un todo
terreno con volante a la derecha y conduciendo por la izquierda en la
capital keniata. Nos esperaban 5.000 km de aventura por tierras
africanas, con la ilusión de complacer nuestro deseo y la
esperanza de ver en libertad todos aquellos animales que siempre hemos
visto en cautividad. Entre todos ellos, THE BIG FIVE (los cinco
grandes): elefante, rinoceronte, búfalo, león y leopardo. Durante los
dieciseis días que duró, visitamos los pueblos de los samburu,
turkanas y masais. La cortesía y amabilidad que encontramos en las
gentes que nos cruzábamos era fascinante. Mientras circulábamos por
las carreteras y pistas, los niños, con sus trajes de escolares, nos
saludaban y sonreían.

En las cenas y desayunos practicamos el swahili,
idioma que se habla en casi toda África oriental, con los habitantes
del lugar. En Lake Nakuru National Park, cuando nos dirigíamos al
campamento por una pista forestal de montaña, nos cruzamos con una
manada de búfalos, el único animal capaz de atacar a los vehículos sin
razón alguna. La sensación de verse rodeado por unas moles de unos
3.000 kilos de peso, sin poder dar marcha atrás, es impresionante.
| En las
cenas y desayunos practicamos el swahili, idioma que se habla
en casi toda África oriental, con los habitantes del lugar. |
En Sweetwaters, tierra de los
samburu, tuvimos la oportunidad de acariciar a Morani, un rinoceronte
de 4.000 kilos, criado desde pequeño por un ranger para protegerlo de
los cazadores furtivos. Ver el lago Bogoria rosado por los miles de
flamencos que lo habitan; los buitres comiéndose los restos de una
cebra que el día anterior habían matado unos leones; el resoplo de un
elefante mientras intentas localizar los hipopótamos en la orilla del
río; no poder ir a la habitación del lodge porque en la puerta está
comiéndose el césped una familia de hipopótamos; o jugar al fútbol con
los nativos del lugar, en el desierto del lago Turkana; son
experiencias que se recuerdan toda la vida.
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La cortesía y amabilidad que
encontramos en las gentes que nos cruzábamos era fascinante |