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¿Existen "nombres
cristianos? |
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Nguema Emaga Eyui |
Al
leer el nombre del autor, alguien se preguntará: ¿Dónde está su
nombre "cristiano"? Efectivamente, yo me
llamo Nguema Emaga Eyui. Tú -africano, filipino, indio- probablemente te llames Zaqueo,
Wilfredo, Teófanes, Toribio, Perpetua, Ursula, Roque, Rigoberto,
Eduvigis, Fulgencio, Hildegarda, Lina, Liduvilina. Dime cómo te
llamas y te diré cuál fue la Dictadura colonial que dominó tu país.
Yo estoy muy orgulloso de llevar con dignidad el nombre africano de
mi tradición cultural fang. Mi nombre es Nguema. No me preguntes por
mi "nombre cristiano". Simplemente porque no existen nombres
"cristianos". A igual que "el hábito no hace al monje", llevar un
nombre extranjero no te hace cristiano. Las imposiciones bautismales
tienen que ver más con las políticas coloniales que con la fe
religiosa. El nombre es el primer signo de identidad de una
persona. Es un signo de identidad cultural. Curiosamente,
cuando se esclaviza a un pueblo, cuando se anula la dignidad de una
persona, lo primero que se ataca es su cultura; lo primero que se le
quita es el nombre personal. Y el esclavizador le impone
arbitrariamente o un número, o un sobrenombre, el nombre del capataz
o del amo. Como africano, estoy muy interesado en animar a los
creyentes africanos a vivir plenamente su fe en el marco de su
cultura tradicional plenamente desarrollada. Mi tesis es la
siguiente: nuestros nombres africanos son nuestros auténticos
nombres "cristianos". Para un creyente, Jesús es el primero en
respetar nuestros signos de identidad. Los dirigentes de las
iglesias así como las confesiones islámicas no los han respetado
nunca jamás. Con la imposición de nombres extranjerizantes, el
"bautismo" se convierte en un rito latino de circuncisión o ablación
cultural.
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Que NO y que NO. Con la imposición de nombres extranjerizantes,
el "bautismo" se convierte en un rito latino de circuncisión
o ablación cultural. No, no. Los romanos oprimieron al
pueblo hebreo. YSHÚ nunca impuso nombres romanos a
sus seguidores. Los latinizantes siguen imponiendo nombres
coloniales europeos a los creyentes africanos en nombre de
su Dios
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NOTA: En pleno
siglo XXI, en colegios regentados por misioneros
extranjeros (p. e., Salesianos de Bata, en Guinea
Ecuatorial) está absolutamente prohibido expresarse
en lengua autóctona. La excusa criminal: "Para que
puedan aprender mejor el español". Los latinizantes
(algunos más de 40 años en África) son listos y lo
tienen muy claro: Es preferible forzar a los
autóctonos a latinizar o españolizar, así ellos
mismos se libran cómodamente de aprender las lenguas
autóctonas menospreciadas. Y los gobiernos locales
todavía asisten indiferentes a semejantes tropelías.
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Os
explicaré un hecho histórico. En mi país, Guinea Ecuatorial,
en plena Dictadura colonial española, un gobernador español llegó a
una de las islas, reunió a sus habitantes, fue preguntando cómo se
llamaba cada uno; como no le gustó en absoluto, y con el fin de
españolizarlos, tomó una decisión: a partir de entonces cada
habitante tendría:
- En
primer lugar, un nombre “cristiano” colonial (Juan, Pedro, Kennedy,
Julio, María, Rosa, Socorro, Pilar, Remedios, etc.).
- En
segundo lugar (como primer apellido) un nombre de una provincia
española (Barcelona, Zamora, Valencia, etc.).
- En
tercer lugar (como segundo apellido) el nombre de un pueblo.
¿Resultado? Hasta hoy día muchos de ellos siguen llamándose así:
Juan Barcelona Mataró, Pedro Valencia Móstoles, Antonio Bilbao
Alcántara. Afortunadamente ya existe una fuerte corriente entre los
africanos concienciados: rechazar la imposición de nombres extraños
a la propia cultura y recuperar la tradición de nombres heredados de
los antepasados. Es cuestión de dignidad. Es más: en USA muchísimos
afroamericanos están buscando nombres africanos para sí mismos y
para sus hijos, desechando los nombres de los amos esclavizadores.
Mientras, muchos africanos y africanas siguen pensando –les
vencieron y convencieron- que aquello que les dignifica es llevar un
nombre bonito, moderno, extranjero, supuestamente “cristiano”. Les
han engañado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Como cuando les dijeron que tenían que rezar a Dios en latín o en
árabe. Su Dios era tan ignorante que no podía aprender la lengua de
otros Pueblos, sólo la de los pueblos “escogidos” (por sí mismos).
Para
el creyente africano que rechace cualquier imposición onomástica,
ejerciendo su libertad evangélica, Jesús de Nazareth está de
su parte. Su nombre en hebreo es Yehoshúa y en arameo Ieshúa;
su nombre en la Biblia es arameo, no griego, ni latín, ni
inglés, ni francés, ni portugués ni español y su pronunciación en
arameo del norte (Galilea) es YSHÚ.
Él nunca exigió a nadie a cambiar su nombre. En su tiempo, no forzó
a nadie a adoptar nombres romanos, nombres de los
opresores del pueblo hebreo. Históricamente los ingleses, españoles,
portugueses, franceses han sido esos opresores que llevaron e
impusieron en África un cristianismo subyugador profundamente
marcado por la cultura europea en un 100%.
Primera conclusión: el africano que quiera realmente un nombre
“cristiano”, que vaya directamente a buscarlo en la tradición
cultural de YSHÚ (Jesús, en español) y de Merayah
(María, en español). ¡Qué curioso! Ningún africano tiene un nombre
en la lengua de Jesús. ¿Por qué en cambio sí tenemos nombres en
lengua inglesa (John), española (Juan), francesa (Jean), portuguesa
(Joao), etc.? ¿Por qué no en lengua kamba, kiswahili, luo, fang,
bubi, ndowe y demás lenguas africanas? Las nuevas generaciones de
africanos deben vencer la alienación y empezar a estar orgullosos de
llevar exclusivamente nombres africanos. Por dignidad. Será el
inicio de una auténtica liberación cultural que repercutirá en otros
ámbitos. ¿Conoces a un solo cristiano europeo que lleve nombre
africano? Del Islam en África afirmamos exactamente lo mismo. Dios
es Árabe. y sus creyentes llevan la marca de la arabización.
Seguimos: Sé que a muchos de vosotros os gusta leer la Biblia.
Recordad: el NT afirma tajantemente que sólo la fe en Jesús salva.
Y esta fe es vida; es amor. Y “obras son amores”. YSHÚ dio
un solo y nuevo mandato: Amar. Pero amar cuesta. El amor es muy
exigente. Por eso los dirigentes de las Iglesias –que muy
tempranamente aceptaron los reinos de este mundo que les ofreció el
Tentador- han preferido tejer una red de leyes, normas, cánones,
dogmas, etc. para enredar a los creyentes y desviarles de lo
fundamental. Igualito, igualito como hizo la clase sacerdotal
farisaica que propició la condena y muerte de YSHÚ. Y en el
caso de las Iglesias colonizadoras, impusieron todas, absolutamente
todas sus añadiduras haciendo creer a sus clientes africanos que son
esenciales al cristianismo todas esas particularismos que siguen
presentando como de "tradición divina" y con pretensiones de
universalidad.
Recordad también: Entre los primeros seguidores de YSHÚ
había un grupo que quería obligar a los nuevos creyentes, hijos de
otras culturas, a adoptar las costumbres y leyes judías. “Si no
aceptáis las costumbres judías no os salvaréis”, decían. En la
Biblia se les llama “falsos hermanos”. Se les conoce como
“judaizantes”. Pablo riñó a Pedro por plegarse a las exigencias
de los judaizantes. Y a Pablo se le conoce como el “defensor
de la libertad cristiana”. Los latinizantes, defensores de su
particular ortodoxia, han tenido un comportamiento escandalosamente
heteropráxico que desmiente su pretensión de ser "iglesia
verdadera". Desde que los dirigentes de TODAS las iglesias
cristianas europeas se casaron con los poderes de este mundo y
unieron la cristianización a la colonización, todo han sido
imposiciones. Los latinizantes (Iglesia latina romana,
facción de "Pedro") u occidentalizantes (iglesias europeas,
facciones de Pablo o Apolo) han impuesto Todo, absolutamente TODO a
los creyentes africanos. En contra de la doctrina apostólica (en
esto no hay sucesión sino escandalosa ruptura), nos han impuesto
TODAS sus costumbres, creencias, cánones, dogmas, instituciones,
desviaciones y otras añadiduras culturales. Y han utilizado y están
utilizando a los propios africanos, latinizados hasta la médula,
para imponer sus condiciones y convicciones. El 90% de los
sacerdotes africanos –no digamos ya los misioneros extranjeros,
agentes impenitentes de latinización- bailan al ritmo que les llega
del extranjero; siguen siendo en África los "sí, bwana", esto es, la
voz de su amo. En el tema que nos ocupa, por ejemplo, siguen
defendiendo por activa y por pasiva que los nombres ingleses,
franceses, españoles, portugueses que nos imponen a través del rito
latino del bautismo –el rito de la circuncisión o ablación cultural-
son nombres “cristianos” sacados de un “santoral” producto de la
tradición latina del que los propios gobernadores eclesiales fueron
eliminando montones de “santos” fabricados por la imaginación
popular europea. Y los monseñores africanos, sin criterio propio y
encadenados como esclavos al Código de Derecho Canónico Romano
impuesto universalmente, incapaces de defender las culturas de sus
pueblos, se han convertido en esos “falsos hermanos” que fuerzan a
los creyentes africanos a latinizar, a circuncidarse culturalmente a
través de la imposición de costumbres extranjeras, entre las que
incluyo la imposición de nombres completamente extraños a la propia
cultura.
No
mezclemos a Dios en estas cosas. El Dios de los Antepasados quiere a
los africanos con sus nombres originarios. No hay NINGUNA razón para
seguir aceptando ese pesado pasado impuesto por los latinizantes
que utilizan el nombre de Dios en vano con la complicidad
vergonzante de los propios africanos. ¿Puede un nombre kamba, fang,
ndowe, luo, etc. ser “cristiano”? ¿Puede un creyente en YSHÚ
formar parte de la comunidad cristiana sin tener que renunciar a
llevar un nombre de su tradición cultural? Si nos hubiesen
cristianizado-colonizado los chinos o los japoneses, ¿Qué nombres
“cristianos” nos hubiesen impuesto a los creyentes africanos?
Hasta
no hace mucho, la llamada "misa" se celebraba en la lengua de los
latinizantes, en una falta de respeto sin comparación al pueblo
de Dios. Hoy se canta, se baila y se reza en lenguas africanas. Es
de sabios rectificar. Espero y deseo que, a igual que Pablo, algún
monseñor valiente o “príncipe de la Iglesia”, previa renuncia de
esos títulos honoríficos (!)- le diga al Jefe de Estado del
Vaticano, conocido como “Santo Padre” (condición que YSHÚ
reserva expresamente a Dios), Rey de Reyes, Sumo Pontífice, Dios en
la Tierra, Dulce Cristo (!!!) que la práctica actual de la
circuncisión y ablación cultural mediante el bautismo NO es
evangélica.
Espero y deseo que los gobiernos africanos legislen a favor del
registro de niños con sus nombres africanos. Que las nuevas
generaciones de africanos, orgullosos de sus sanas tradiciones
culturales, exijan a los dirigentes de las Iglesias que regresen al
camino recto trazado por los primeros discípulos de YSHÚ. NO
se debe IMPONER. Y que los latinizantes se enteren: al Dios los
Antepasados le gustan los nombres en lenguas africanas. Creyentes
con sus nombre africanos. Dios nos llama con nuestro nombre
africano. Llegará el día en que, cuando el africano recupere
completamente la conciencia de su dignidad cultural, será una
vergüenza llevar esos nombres extranjeros supuestamente más
"bonitos, modernos y civilizados" que los nombres tradicionales
africanos. Conocemos casos de jóvenes africanos que, al ir del
poblado a la ciudad, carcomidos por los complejos, se buscan un
nombre "bonito, civilizado, moderno, extranjero", para aparentar lo
que no son. Adivina, adivinanza: ¿De dónde sacan esos nombres? De la
tradición onomástica de la potencia político-eclesial colonizadora.
Cada uno es muy libre de colgarse el nombre colonial que quiera,
pero que no lo justifique apelando a la voluntad de
YSHÚ.
¡Ah!
No se trata de traducir los nombres europeos (Hispanosonantes:
Pilar, Monserrat, Remedios, Sinforosa), hebreos o llamados bíblicos,
sino simplemente de buscar en nuestra tradición cultural aquellos
nombres con sentido que nos transmitieron nuestros antepasados y que
estamos invitados retransmitir a nuestros hijos e hijas.
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