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ARGENTINA. La fundación África Vive está realizando el primer censo para relevar la cantidad de afrodescendientes nacidos en Argentina, ignorados por las estadísticas oficiales.

Quisieron borrar a los afroargentinos de la historia. Dijeron que habíamos muerto en una guerra con el Paraguay, pero yo no nací de una bala”, dice a la U con voz firme y serena María Lamadrid.  Ella es argentina, de quinta generación, descendiente de africanos y presidenta de la Fundación África Vive, una organización que lucha por los derechos de los afroargentinos. Su historia, como la de tantos otros, está marcada a fuego por la opresión y el olvido. Sus antecesores eran esclavos del general Lamadrid en la época del Virreinato. Desde ese momento, el apellido acompañó como un estigma del pasado a todas las generaciones familiares.  Apenas su bisabuelo consiguió su ansiada libertad usó el poco dinero que tenía para comprar a su bisabuela y casarse con ella. Ellos eran parte del 30 por ciento de negros, que según censos oficiales, habitaban el suelo de la Ciudad de Buenos Aires entre 1780 y 1810. 

La presencia afrodescendiente en el país se fue desvaneciendo, pero aunque la mirada oficial se empeñe en esquivarlos, no desaparecieron. Para dar batalla contra el anonimato, Lamadrid emprendió el primer censo sobre argentinos de ascendencia africana con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo. Las primeras estimaciones arrojaron que son 2 millones los afrodescendientes que viven en el país, sin considerar el color de piel como un requisito excluyente. Pero el olvido oficial dista de ser el único problema. Hoy los afroargentinos siguen siendo esclavos, pero de la miseria. “No tienen estudios ni cultura, ni cómo capacitarse. Muchos tienen problemas de alcoholismo, drogadicción o prostitución”, explica. El panorama no es uniforme para todos los afrodescendientes.  Obadiah Oghoerore Alegbe es el presidente de la Asociación de nigerianos en el Río de la Plata que núclea a 300 inmigrantes. “Mis compatriotas están todos insertos en la clase media local. Todos son profesionales o tienen un oficio”, describe a la U.  Pero todas las diferencias se diluyen al momento de hablar de la discriminación. “Me ha pasado que un amigo me presentó diciendo ‘es negro, pero es mi amigo”, comenta Alegbe. “Decir eso es un fusilamiento a mi dignidad como persona”, agregó. También recuerda cierta anécdota: “Llevé a mi hijo de dos años al arenero de una plaza de Barrio Norte y cuando entró todos los chicos se fueron de su lado”.
Ignorados por los registros oficiales y discriminados por el prejuicio, los afrodescendientes en la Argentina existen.


CHILE. Comunidad de afrochilenos exigen un mejor trato de las autoridades

Seguramente, para la mayoría de las personas resulte extraño saber que existen chilenos descendientes de africanos. Se trata de los llamados “afrodescendientes” o “afrochilenos”, quienes han comenzado a organizarse para exigir los derechos que les han sido negados por siglos en nuestro país. Luego de destaparse el drama de la joven ecuatoriana, Lisette Urbano, estudiante de Primer Año Medio de un liceo de Antofagasta, quien intentó fugarse de Chile angustiada por las burlas racistas de sus compañeros, la comunidad negra de nuestro país está decidida a ganarse un espacio en la sociedad.

A través de la Fundación Oro Negro, con sede en la ciudad de Arica y una nueva filial en Santiago, ya presentaron un proyecto al Banco Mundial para financiar un censo a nivel nacional que permita determinar efectivamente cuál es la población afrochilena y también la de afroamericanos, como Lisette.

La presidenta de toda esta organización es la chilena con descendencia africana, Sonia Salgado, quien paradójicamente se desempeña desde hace más de diez años como alcaldesa de la comuna de Camarones, en la Primera Región. Desde su cargo ha tratado de integrar a los afrodescendientes con el resto de los chilenos del Norte Grande, que es donde se ubica la mayor población de gente de raza negra de nuestro país.

“Hasta ahora ningún gobierno ha hecho cosas en serio para enfrentar el problema del racismo en Chile”, comentó la dirigente, quien agregó que la situación vivida por la joven afroecuatoriana en Antofagasta es la misma que ha sufrido ella y sus pares desde siempre. “Cuando yo estaba en el colegio mis compañeros me decían que me elegirían para ser candidata a reina, pero yo les advertía que no dejaría que me molesten y les proponía que me nombraran presidenta de curso”, relató.

Salgado se quejó además de que la Conadi (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena) nunca los ha considerado como una etnia. “Nos han cerrado la puerta en la cara cada vez que vamos”, dijo, exigiendo los mismos derechos y beneficios que reciben las demás minorías étnicas del país.

LA DISCUSIÓN LEGAL

Desde la propia entidad de gobierno responden que el artículo primero de la Ley Indígena establece en forma textual que “el Estado reconoce que los indígenas de Chile son los descendientes de las agrupaciones humanas que existen en el territorio nacional desde tiempos precolombinos, que conservan manifestaciones étnicas y culturales propias siendo para ellos la tierra el fundamento principal de su existencia y cultura”.

En este sentido, el director de la Conadi, Aroldo Cayun, explicó que “ese no es el caso de los grupos que llegaron con los españoles, como los africanos que venían de esclavos, que incluso llegaron tiempo después. Pese a que ellos son una etnia, han sufrido las mismas discriminaciones que la población autóctona, no son considerados indígenas por la ley”.

El problema se ve más agravado aún porque el tema de los afrodescendientes era absolutamente desconocido en Chile hasta el año 2000, cuando se realizó en el edificio Diego Portales la Conferencia Regional sobre Discriminación y el Racismo. “Ni siquiera las Naciones Unidas sabían que en nuestro país habían descendientes africanos”, recordó Sonia Salgado.

Por tal motivo, José Miguel Labrín de la Fundación Ideas, planteó que “el problema es que esta discusión es muy reciente y la Ley Indígena es anterior a esta discusión”. En efecto, dicha legislación data del año 1993 y los grupos de raza negra no participaron en su discusión, a tal que hasta el día de hoy son una realidad tan desconocida que ni siquiera aparecen mencionados en los textos escolares.

Gracias a ese encuentro internacional realizado en Santiago, en abril de 2001 se constituyó formalmente la Fundación “Oro Negro”, con su centro de operaciones en la ciudad de Arica. Actualmente son ellos los únicos que mantienen un registro parcial de la comunidad negra en esa zona, la que asciende a cerca de cien familias, con unas 400 personas participando activamente en la organización.

A través de su nueva filial en Santiago, pretenden brindar apoyo no sólo a los afrochilenos de la zona central (existen antecedentes de su presencia en la capital y en comunas como Quillota y Colchagua), sino que también al resto de los afroamericanos como la ecuatoriana Lissette Urbano. (Terra.cl)

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